Nuestro trabajo muestra que para que los vínculos entre escuelas y empresas se consoliden en el tiempo, es preciso que el Sistema Educativo otorgue un lugar importante a estas experiencias de vinculación, que las reconozca, oriente y valorice como fuentes de aprendizajes complementarios. Todo ello depende mucho del lugar que ocupa la formación para el trabajo y la visión de su relación con el desarrollo socio-productivo. Por último, la sociedad en su conjunto, se ve beneficiada por estas acciones. En el sistema educativo se promueve un mecanismo de actualización permanente. Se crean mecanismos de transición entre el sistema educativo y de mercado de empleo. No sólo se facilita la inserción laboral, sino que permite a los jóvenes reconocer las características de los empleos decentes, con sus derechos y obligaciones, y promueve la aspiración a acceder a ellos. En este sentido, se contribuye a la igualdad de oportunidades, ya que abre a algunos jóvenes las puertas a un segmento de calidad del mercado de trabajo al que, de otro modo, les resultaría muy difícil entrar. Las mayores vinculaciones entre escuelas y empresas, entre educación y mundo productivo, pueden contribuir a que los distintos actores sociales reconozcan a través de ejemplos concretos el lugar de importancia de la formación para el trabajo (en sentido amplio) como pieza fundamental del desarrollo socio-productivo del país.
Para finalizar les sugiero que contemplen un bello poema del mismo autor que el de la introducción:
Hermana y maravillosa
El agua, esa preciosa criatura,
obedece a leyes admirables
que regulan su hacer sobre la Tierra.
Tiene una baja temperatura de fusión y un alto calor de fusión. Es decir, el hielo se deshace apenas la temperatura sobrepasa los 0 grados, pero hacen falta 80 calorías para derretir un kilo de hielo.
¡Propiedad importantísima!
El deshielo comienza con los primeros soles de primavera, pero prosigue durante todo el período veraniego.
Y así, desde nuestras montañas descienden los ríos aparentemente perennes, preciosos distribuidores de este elemento vital, mágicos compensadores de la sequía veraniega, paliativos providentes en años secos.
Dorada por el sol del alba o al atardecer
¡hermosa y maravillosa agua!
(Antonio Zappino et.al, 1981, pagina 22 y 23)
Recuperado del libro: Saber observar, Ediciones Paulinas.

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